Archivo para 21. Julio 2009

Un juego

Hace unos días he ido de viaje. Por cuestiones que no vienen al caso me he decantado por el tren y, como no soporto ir con multitud de maletas, he metido todo mi equipaje (incluida la mochila con el portátil) dentro de una gran maleta con ruedas.

Me he dado cuenta de que es una forma muy útil de sufir en tus propias carnes las barreras arquitectónicas de tu ciudad.

Os propongo desde aquí que cojaís la maleta más grande que tengaís y que tenga ruedas, la lleneís de periódicos viejos y os vayaís a dar una vuelta. En el peor de los casos os dejo sustituir la maleta por un carro de la compra, pero en este caso atravesarle un paragüas en la parte superior, simplemente por suponer que una silla de ruedas suele tener unos 60cm de ancho.

Para hacerlo más divertido vamos a poner una serie de normas:
1.- No podéis levantar las ruedas del suelo en ningún momento. Vamos a imaginar que una persona en silla de ruedas no puede bajarse de su silla y saltar el escalón de turno. Una suposición ficticia.
2.- Solo podréis saltar los escalones que os permitan buenamente vuestras ruedas, es decir, no vale en este caso apoyar el fondo de la maleta y hacer palanca para que suba. Tampoco hacer fuerza con las 2 manos para salvar bordillos de 15cm. Vamos a suponer también que las sillas de ruedas solo pueden saltar bordillos pequeños. Otra suposición ficticia.
3.- Las escaleras no se pueden ni mirar, aunque solo sea por aplicación de la norma 2. Pero es que vamos a suponer (ficticiamente) que una silla de ruedas no puede subir escaleras. Ni bajarlas, al menos llegando entera al final de la escalera.
4.- El recorrido ha de ser real, no sirve “bajar al portal” o “ir a dar un paseo”. La idea es hacer algo de lo que habitualmente tenemos que hacer: la compra, ir al trabajo (los compañeros del trabajo pueden hacer alguna pregunta extraña si llegaís con una gran maleta, pero podeís dársela a ellos para que se la lleven a casa y seguir el juego), acercarse al centro comercial, al cine, al parque… Vamos a suponer de nuevo que las personas con problemas de movilidad necesitan ir a los mismos sitios que nosotros.
5.- El recorrido debería ser natural. Me explico. Debería ser el mismo que haces todos los días, no sirve eso de “voy a ir por tal sitio que sé que se puede”.

Al margen de estas normas luego se me ocurren multitud de variantes: con los oidos tapados, con los ojos cerrados, combinaciones de ambos… Y aún así solo tendríamos una leve idea de lo que debe afrontar en el día a día una persona con diversidad funcional.

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